A sus recién cumplidos 15 años, la clavadista Carolina Mendoza será la atleta más joven en representar, en Londres, a la delegación mexicana en el mayor evento deportivo del año. En entrevista nos revela el secreto de su precocidad.
¿Qué piensa una adolescente de 14 años encima de una plataforma de diez metros a punto de lanzarse un clavado, ante miles de personas, en un país que nunca había visitado, en la Copa del Mundo de dicha disciplina? Nada. Ni titubeos, ni distracción, ni algo de nervios. Todo gracias a esa templanza, Carolina Mendoza, atleta entonces desconocida, consiguió su pase para Londres 2012. Ocupó el quinto lugar de la competencia, solo un mal salto la alejó del podio.
“Cuando voy a un clavado me pongo en una burbuja, no oigo nada, solo estoy yo. Al caer en el agua se me quita y si subo a la plataforma, vuelvo a entrar en esa cápsula. Disfruto las competencias como si fueran entrenamientos”, dice. Entre cada pregunta, la atleta más
joven de la delegación mexicana (y la segunda de menor edad de la historia), regala una sonrisa con unos relucientes frenos dentales.
Su madre practicaba gimnasia, su papá ciclismo y su tío representó a México al nivel más alto en 1968. Ellos la acercaron al deporte desde pequeña. Empezó con natación, pero le aburrió; probó con gimnasia, pero se sentía muy pequeña; luego atletismo, solo porque su hermano corría; futbol, porque es muy popular; hasta que optó por el futbol americano. A su mamá le pareció que enloquecía, así que mejor la llevó al Centro Nacional de Desarrollo de Talentos Deportivos y Alto Rendimiento (CNAR), en la Ciudad de México, ahí experimentó los clavados. Las acrobacias en el aire le encantaron y el entrenador Jorge Carreón le vio futuro. Como ya había practicado otros deportes, aprendió en seis meses lo que para otros toma años. Al inicio, era un pasatiempo pero,
en un parpadeo, a los 12 años ya era campeona nacional.
Justo en aquella época, estaba un día practicando en el trampolín de tres metros cuando, al fallar en la técnica para sacar los talones durante un salto, golpeó su cara contra la tabla. “Escuché el golpe pero no me di cuenta. Salí del agua como si nada, volteé para que el entrenador me hiciera la corrección del salto, pero no lo encontré porque estaba detrás de mí: se había lanzado al agua para sacarme.
Al salir vi que me brotaba un chisguete de sangre de la cara, yo pensaba que era un sueño y él me decía: ‘¡Ya despiértate!’”. Cinco minutos después, Carolina ya no podía abrir los ojos y le costaba mucho respirar. Tenía fracturada la nariz. Requirió 14 puntadas (siete internas y siete externas) para cerrar el boquete que tenía justo entre las cejas. “Lo que más coraje me dio es que iba a haber una competencia y ya no pude ir. Íbamos con ganas de ganarla”.
Lisez tout l'article dans l'édition de juillet du Red Bulletin.

Red Bulletin: Dentro de una burbuja