Plantar cara y máquina a la ruta hostil, con muchos recursos o casi ninguno... El espíritu fundacional de la Baja 1000 se renovó en noviembre de 2011, como todos los años. Pero en esta ocasión se vivieron emociones (y complicaciones) inéditas.
Baja 1000: es el nombre del tótem en la mente de los que opinan que el automovilismo es brutal, o no es. Pero, ¿no forma el Rally Dakar el canon verdadero en el mundo del off-road? Poco importa. Los aficionados hardcore responden: “Pero Dakar se corre en etapas. Baja 1000, no”.
Desde mediados de la década de 1960, cientos de pilotos de todo el mundo han recorrido la serpiente de norte a sur que es la península de Baja California. Han dejado adrenalina, aceite, amortiguadores y trozos de carrocería en el camino desértico. Año tras año, hombres y máquinas se funden en una sola voluntad de destreza, agresividad y competitividad.
Para conocer la amplitud de todas las hazañas periódicas, y palpar la emoción que produce, hay que estar allí. Recién se celebró la edición número 44, en la que participaron 275 pilotos provenientes de México, de Estados Unidos y de 16 países más. Un conjunto salvaje de autos, camionetas, motocicletas y ATV (motocicletas de cuatro o tres ruedas) recorrió una ruta que en esta ocasión no salió del estado de Baja California: poco más de 692 millas (1,115 kilómetros) de territorio abrupto y abrasador, iniciadas y finalizadas como un circuito en el Bulevar Costero, frente al Centro Cultural Riviera del Pacífico en el hermoso puerto de Ensenada.
Tocar al coloso
Costera frente al Océano Pacífico, 17 de noviembre. Día de la contingencia, registro e inspección técnica de vehículos. Todo inicia aquí. Desde muy temprano se reúnen los aficionados en el bulevar. El día avanza, el ambiente se vuelve cada vez más denso con el estruendo de los motores y la música pop y ranchera. Entre edecanes, miles codician un autógrafo de sus ídolos, pero lo que en realidad todos quieren es estar cerca de los trophy trucks, los monstruos que reinan en el rally.
Con sus cámaras y celulares en mano, cautelosos y emocionados, toman fotos de los amortiguadores, de las llantas, de las cabinas formadas por armazones tubulares. Esta especie de pick ups en esteroides son vehículos únicos, nacidos de años de desarrollo tecnológico, capaces de alcanzar 200 kilómetros por hora devorando todo lo que sale a su paso: rocas, arenales, lodazales, humanos incluso. ¿Qué? Sí, aficionados imprudentes cruzan el camino de cuando en cuando.
Encuentra la historia entera en la edición enero de Red Bulletin.

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