Despues de encontrar triunfos inimaginables en Europa, el defensa del New York Red Bulls nos habla sobre lo que ha aprendido en su carrera, su cambio de domicilio a la MLS y de cómo conservar la humildad y la calma.
Texto: Wookie Williams Fotografías: Thomas Hoeffgen
Marc, un hombre senegalés, sin duda inmigrante ilegal, trata de venderme una de las gorras, playeras y bufandas que tiene desplegadas en un puesto de lona en una de las esquinas de la Plaza de la Concordia, al centro de París. Es mayo y la capital francesa todavía no está enterrada debajo de millones de turistas, así que los esfuerzos de Marc por ganar unos cuantos francos deben triplicarse. “¿De dónde eres?”, me pregunta en un español rústico. “¿México? ¡Ah, México! ¡Rafa Marquéz!”, dice emocionado, cambiando la acentuación del apellido del jugador del AS Mónaco FC. De inmediato, Marc aparece de una bolsa de plástico un jersey rojiblanco con el número “4” del jugador mexicano y me ofrece un precio aún más bajo por tratarse de uno de sus jugadores favoritos, dice. A poco más de 248 kilómetros del obelisco de Luxor, lugar de trabajo de Marc, en el estadio Louis II, lugar de trabajo de Rafa Márquez, el Mónaco festeja el recién ganado campeonato 1999- 2000 de la Ligue 1, el primero del mexicano en el extranjero y, aún mejor, en su carrera. Después de pasar sus años novatos en el Atlas de Guadalajara, club que no gana una liga desde 1951, la sensación de triunfo le sienta bien a Márquez, pieza fundamental en la defensa del equipo del principado y de la Selección Nacional mexicana. En un equipo plagado de jugadores estelares, como David Trezeguet y Marco Simone, segundo y tercer mejores anotadores de la Ligue 1, la fama de Márquez como un jugador especial llegó lejos en muy poco tiempo (apenas con un año en el equipo europeo). Tan lejos como las playeras apócrifas de un africano que trata de ganarse la vida en París. Es aquí, en el continente con el mejor futbol del mundo, cuando esa sensación de ser verdaderamente bueno con un balón entre los pies entra en su conciencia. “Cuando empecé con Atlas, siempre me sorprendí de lo rápido que fue todo en mi carrera: subir al primer equipo, en los primeros días empezar como titular, luego llegar a la Selección, al Mónaco [que lo compró por seis millones de dólares]. Me di cuenta de que soy diferente a los demás, que hago diferencia”, asiente Márquez, pausado, seguro de lo que dice, 11 años después, en un estudio en Chelsea, en Manhattan, en una liga y un país completamente diferentes, tras una carrera que ha sido una sucesión de éxitos, hasta ahora.
El día de mi encuentro con Rafael Márquez, Nueva York luce nublado. Por suerte, no llueve y la azotea del edificio nos permite
salir a fotografiarlo. Hay una construcción a unos metros que no respeta nuestra entrevista, el tráfico es habitual para una mega ciudad y el New York Red Bulls amaneció en el sexto lugar de la Conferencia del Este de la MLS, y sus posibilidades para ocupar un sitio en la postemporada peligra. La noche anterior no fue buena para los Red Bulls. El equipo perdía 3-0 contra el Real Salt Lake y los tres errores habían caído por desatenciones defensivas. La afición habitual que hace el viaje hasta Harrison, Nueva Jersey, al espectacular estadio de los Red Bulls se mece alrededor de los 18 mil asistentes, pero en un miércoles por la noche, y con el equipo en mala posición, son apenas unos 14 mil los que se asoman. Es una afición fiel, exigente, y, hasta cierto punto, ingenua. Hay un entusiasmo adolescente ante el futbol. La liga al fin y al cabo solo tiene 15 años y la gente se emociona por todo. En países donde el futbol ha sido el rey desde antes de que todos naciéramos, tenemos el cinismo del viejo, del gastado, sabemos que de un 3-0 al medio tiempo nadie se levanta. En EU la gente aplaude cada jugada, se emociona con el gol que pone el 1-3, tiene la ilusión de que el equipo regresará de atrás. O tal vez sea esa mentalidad de que nunca es demasiado tarde y de que la voltereta está cerca. Pueden meterse con un jugador, pero nunca le dan la espalda al equipo. “Bueno, es que va empezando todo esto. Sí, la gente no tiene mucha idea de futbol todavía, pero apoya cualquier situación, y eso es parte de la evolución del soccer aquí”, dice Márquez, sabiendo que le ha costado convertirse en ídolo de esta multitud, la llamada Viking’s Army, la porra ferviente que grita durante todo el juego, aunque el marcador diga lo que diga. Ver seguidores tan entregados a un equipo que nunca ha ganado, que no tiene historia (ningún equipo de la liga lo tiene en realidad) y no puede voltear a ver los títulos obtenidos en los años 60, o alguna época dorada de gloria, es bastante esperanzador. “Espero que en el futuro lo que están proponiendo pueda beneficiarles y la liga adquiera importancia. Que la afición aprenda a distinguir lo bueno y lo malo de un equipo, de un juego, de un jugador”. La gente quiere conocer de futbol, las gradas se quieren llenar de fieles que saben cuándo abuchear a su estrella al no recibir lo que se espera de ella, y sobre todo, quieren ver al equipo ganar.
Nueva York nunca ha ganado un título de la MLS, y es por esta
razón que Thierry Henry y Rafa Márquez están aquí. “La prensa es la culpable de los abucheos”, asegura Hans Backe,
el técnico sueco de Rafa y los Red Bulls, al finalizar ese fatal partido en el que ni el gol a pase de Márquez borró los silbidos y los gritos de la gente al finalizar el encuentro. Pero abucheos o no, Rafa dice estar feliz de haber cambiado de aires, de dejar atrás las viejas canchas europeas por las nuevas estructuras americanas. Sí, la prensa no lo ha tratado de lo mejor, pero eso es lo que pasa cuando eres el tercer jugador mejor pagado de cualquier liga: las expectativas que te siguen son enormes, aun en un lugar que no termina por entender y abrazar por completo el futbol.
Los 4.6 millones de dólares anuales que recibe Márquez lo convierten en un privilegiado dentro de la MLS, y a los Red Bulls en el equipo que más empuja para establecerse como el mejor de la liga, a pesar de que los resultados han tardado en llegar. “Por el tiempo que llevo en Nueva York, veo a la MLS un poco verde, creo que ha mejorado en ciertas cosas, en otras no tanto, pero tiene un potencial enorme que debe explotarse más”, dice Márquez. “Tiene, en los demás deportes, muchos rivales en la parte mercadológica, pero creo que deben enfocarse en la comunidad latina, que es muy fuerte. En la parte futbolística, poco a poco mejora, está adquiriendo un mejor nivel, aunque la diferencia es aún mucha con respecto al juego en Europa, en México y Latinoamérica. Todavía hay un largo camino por recorrer”.
¿Le falta tiempo? ¿Le falta talento? “Los americanos se esfuerzan al máximo para ser los mejores. Les ha costado un poco, pero las generaciones nuevas lo practican y en las universidades juegan cada vez más fútbol, y eso hace que el soccer evolucione”.
Durante la entrevista, Rafa es muy educado, cauto sobre sus respuestas, está tranquilo y solo se inquieta un momento por la
llamada de su esposa preguntándole a qué hora volverá a casa, situada a unas cuadras del estudio donde estamos. Los abucheos
del día anterior parecen nunca haber sucedido. Nueva York, la ciudad, ha tratado bien a Márquez y a su familia. “Estoy feliz y contento en Nueva York, es una ciudad que lo tiene todo. Estás en Estados Unidos pero no lo parece, hay diversidad de culturas, de idiomas. ¡Aquí lo que menos hay son americanos! Todos en el aeropuerto hablan otros idiomas, serbio, hindú, polaco...”
red bulletin: ¿Caminas por la ciudad?
márquez: Los barrios que más frecuento son Soho, Tribeca, Chelsea, West Village, el Meat Packing District; Manhattan en realidad es muy pequeño. Mi familia se ha adaptado bien, estamos disfrutando de la ciudad, estamos muy contentos. Me falta conocer bastantes museos, galerías, asistir a obras de teatro. Me gusta el teatro, he ido pero me quedan muchas cosas por ver.
¿Cómo te sientes cuando caminas por las calles?
Es mucho más anónimo, no tengo el problema como en México o España donde las personas al verme de inmediato me reconocen,
y a veces tener todas las miradas encima se vuelve algo incómodo. Aquí es distinto y lo he disfrutado mucho. Mucha gente percibió tu traslado a NY como un paso atrás, cuando en realidad pudiste quedarte en Europa y ganar más en alguna liga importante y conservar tu fama. Después de estar siete años en el Barcelona, que fueron los años más difíciles de mi carrera, y también los mejores, viví muchísimas presiones y terminé muy desgastado. La idea de no participar tanto en el equipo no me gustaba. No me gusta ser mediocre, ni estar en el banquillo esperando a ver cuándo me tocaba jugar mientras ganaba lo que ganaba. Al venir a NY dejé de ganar mucho de lo que hubiera podido recibir en Europa, y sí, tuve ofertas de otros equipos importantes de Inglaterra e Italia, pero ya no me llamaba la atención empezar de nuevo. En Europa gané títulos importantes; todo lo que se puede ganar lo conseguí, y eso me deja satisfecho con mi trabajo. Ahora trato de disfrutar más de mi vida privada, estar más relajado, con menos presión y seguir disfrutando del futbol, aunque sé que no se trata del mismo nivel. Sin embargo, mientras siga dando lo mejor de mí y tratando de mantener el nivel que siempre he dado, estaré tranquilo.
Pero la presión te ha seguido hasta aquí. Cuando la gente se mete contigo, ¿cómo sales adelante?
Yo vivo el presente, cuando pasan cosas malas hay que tratar de olvidarlas y aprender de ellas de inmediato. La jugada más importante es la que sigue. Si te equivocaste en una, no tienes por qué quedarte con esa sensación, sino tratar de ser mejor en la siguiente. Ese ejemplo lo tomo para todo en mi vida, y me ha funcionado hasta ahora.
Es muy desgastante estar en la cúspide, como sucedió en el Barcelona, equipo con una importancia tal que todo mundo está pendiente. ¿Cómo te cambió en lo personal? Aprendes a madurar, a saber lo que tienes que decir, a actuar. En Barcelona, si te equivocas en los primeros dos balones que tocas todo mundo te empieza a abuchear, y no son 12 mil personas, como aquí. Son 80 mil. Así que hay que ser valiente, confiar en tus capacidades y volverlo a intentar; es cuestión de confianza: por algo te contrataron y eres seleccionado de tu país. Al final de cuentas, el público y la prensa terminaron respetándome porque sí marcaba diferencia, y a pesar de tener grandes compañeros
que eran las figuras del equipo, a mí también me ponían como parte importante. Esa presión te levanta o te hace caer.
Eres, junto a Thierry Henry, la cara del equipo. ¿El público mexicano te apoya igual? Para la gente es muy fácil pensar que la MLS no es un gran reto.
La gente aquí es bastante más cariñosa que en Europa, porque son personas que trabajan, se ganan la vida y saben realmente lo que es salir de su país para buscar un sueño y esforzarse por conseguirlo. Fue lo que me pasó a mí cuando me fui de México. Y ese cariño que recibo es parte también de la experiencia que están viviendo ellos en Estados Unidos. Creo que soy un ejemplo de superación, de liderazgo, de esfuerzo, de sacrifico para ellos. Es el ejemplo más claro que puedo poner para que la gente vea mi carrera como un espejo y se dé cuenta de que con trabajo se pueden hacer bien las cosas.
“Yo vivo el presente. La jugada más importante es la que sigue. Ese ejemplo lo tomo para todo en mi vida”
Pero “bien” no es exactamente como se han dado las cosas para el equipo. A pesar de que Márquez tiene una confianza que
parece infinita en sí mismo, él sabe que lo único que importa en el fubtol, al final del día en esta y cualquier otra liga, es ganar, y el equipo ha tenido varios descalabros muy dolorosos durante el año y no ha logrado convertirse en esa aplanadora que todo mundo esperaba al inicio de la temporada. Hubo rachas brillantes, en las que la defensiva parecía impenetrable, y algunos momentos de magia en la delantera, pero más empates que triunfos y semanas consecutivas sin lograr ganar mantuvieron a la afición neoyrokina en ascuas hasta el final de la temproada, luchando por el último boleto para entrar a la postemporada de la MLS. Márquez se ausentó en varios de esos partidos sin sabor, en los que los toros rojos no lograban levantar. Ya fuera por lesiones o por sus constantes convocatorias a la Selección Nacional (de la cual fue capitán durante la pasada Copa Oro, que México ganó), Rafa estuvo alejado el suficiente tiempo de Harrison, NJ, como para poder compenetrarse por completo con sus aliados defensivos, y no fue hasta el final, cuando le ganaron a Dallas en un juego
de repechaje, que en realidad se mostró el poderío que NY podría ser en esta liga durante los siguientes años.
Y es que cuando la temporada apenas iniciaba, las apuestas eran claras: Nueva York debía ser considerado el equipo favorito
para ganar. Lo eran en papel. Pero después de todos los bemoles que ocurrieron durante la campaña, en la que el equipo parecía
estar muerto a pocas semanas del final, la clasificación a playoffs fue un triunfo mayúsculo, aún cuando los caminos al título lucieran estrechos. Fue bajo la mayor presión que el carácter de los jugadores, levantaron al equipo. Tal vez lo que faltaba, y que
solo el tiempo y las horas juntos pueden lograr, era integración."Hay un buen grupo, pero no tanto como quizás había en otros
equipos" dice Rafa cuando NY estaba aún con un pie fuera de la postemporada. “Es una dinámica muy distinta, hay muchas nacionalidades y personalidades muy diferentes, y sí hay un buen grupo, pero no llegamos a reflejarlo totalmente en la cancha”. “Dice Hans Backe que te faltan cosas por aprender, ¿crees que aún puedes aprender aspectos del futbol?”, le pregunto. “No lo creo, más que aprender debo exprimir lo que sé para ser mejor futbolista y hacer mejores a mis compañeros”.
Siempre es ecuánime y pausado, y transmite una seguridad pasmosa, como si de verdad nunca hubiera logrado comprender
del todo su inmensa fama y la inmensa responsabilidad que carga encima. “Fuiste el tercer jugador más famoso del mundo”, le
insisto en la entrevista. “Debe ser difícil de absorber por la magnitud de lo que significa”. “Esas cosas no las tomo mucho en cuenta, trato de dejarlas a un lado y enfocarme en mi trabajo”, responde Rafa, con tal convicción que es difícil no creerle y dar por sentado que es una respuesta prefabricada para evitar lucir como la auténtica celebridad que es. Debe ser difícil saberse un icono y hablar de él mismo como “un referente” sin asumirse como uno. “Finalmente la fama viene por el trabajo, es lo que me ha dado a conocer. Me he quedado muy sorprendido de ir a lugares muy remotos y que la gente me reconozca. Eso habla de talento y de trabajo. Me da mucha satisfacción porque he luchado mucho para poder hacer lo que siempre he querido: jugar futbol, y eso la gente lo reconoce. Sé que el sacrificio de perder una buena parte de mi juventud, de dejar atrás mi país, mi familia, mi comida, mi gente, ha valido la pena”.
Tal vez Rafa termine su carrera aquí, y con algo de trabajo y suerte, logre hacer historia con este equipo como lo ha hecho en todos sus anteriores clubes y traer un título a casa antes de que sus días en estas canchas se acaben. Por lo pronto, llegar a playoffs en una mala temporada ya es un logro que han saboreado. “Perder es inevitable”, me asegura Márquez durante nuestro tiempo en Chelsea. “Pero trato de tener la mentalidad de querer ganar siempre; nunca me ha gustado perder. Cada vez que pierdo salgo enojado de la cancha. Cada vez que juego, lo que sea, la mentalidad es ganar o ganar, doy lo que sea para ganar. Tenerla me ayuda a ver qué me hace falta, en qué puedo mejorar, si necesito esforzarme más. Esa mentalidad te lleva a conseguir muchas cosas y te hace más completo”. Márquez habla vagamente de otros asuntos: cree que México puede ganar un campeonato mundial, pero se requiere un proceso muy largo para lograrlo; que se retirará cuando ya no haga diferencia y no pueda alcanzar a algún jugador, pero que no pretende estirarse en las canchas; que espera ser un buen directivo después de dejar el juego; que tiene negocios en Barcelona y desea tener más; que ni México ni el Atlas pasan por un buen momento y eso dificulta su idea de regresar. Terminamos hablando sobre su fundación, el tema más cercano a su corazón. Dice que le dedica todo el tiempo que puede, y que si hay algo que le falta aprender, los niños a los que ayuda son los que le enseñan lecciones nuevas cada vez que está con ellos. Al final del día (y de la campaña que termina con su ya no tan nuevo equipo), Rafa encuentra que su mayor satisfacción ahora es devolverle al fútbol algo de lo mucho que le ha dado a él, y lo hace a través de su fundación. “¿Cómo has permanecido humilde?”, le pregunto antes de despedirnos. “La educación y las bases que me dieron mis padres han servido para mantener la humildad. Es uno de los puntos más importantes que me inculcaron”, me dice Márquez. “Todo lo que he conseguido no tiene por qué hacerme diferente, no tengo por qué cambiar. Pasé por Mónaco, por Barcelona y ahora Nueva York, pero soy el mismo que salió de Zamora. Lo más importante es ser un buen ser humano y nada más”. Ese es un buen lugar por dónde empezar.
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Red Bulletin: LAS LECCIONES DE RAFA