Grandes caídas, enormes rocas y policías locales son solo algunos de los desafíos que enfrentan los kayakistas del proyecto Red Bull Flow Hunters.
Los cuatro kayaks sobre la van para acampar afuera del Tongariro Crossing Lodge me dicen que estoy en el lugar correcto. Como era de esperarse, al momento de salir del auto, Ben Brown, uno de los kayakistas de aventura más experimentados del mundo, me recibe.
“Debiste llegar antes”, dice, algo que ningún escritor quiere escuchar. “Hoy hallamos una cascada tremenda”.
Es una tarde de lunes a mediados de marzo y es la quinta y última semana del proyecto Red Bull Flow Hunters. Encontrar, remar y filmar los mejores rápidos y cascadas de su natal Nueva Zelanda ha sido un tema pendiente de Brown, joven de 33 años. En la aventura lo acompañan su compatriota neozelandés Jared Meehan, de 29 años, Rush Sturges, de 27, originario de California y Rafa Ortiz, de 24, de México; algunos de los mejores kayakistas del negocio. Su mundo es pequeño: cuatro de 15 o 20 kayakistas son los que viven del deporte. Los cuatro son ávidos cronistas de sus aventuras. Para un kayakista profesional, una cámara y una computadora son casi tan importantes como un bote y un remo. Los kayakistas corren por los rápidos durante el día, por la tarde miran y estudian sus videos.
“Nueva Zelanda es un destino para kayakismo que nunca se ha documentado bien”, dice Brown. “Quería hacer justicia a nuestros ríos en este viaje”.
“Lo sorprendente de estos ríos es que las rocas cambian tanto que tienes que pensar en cada recorrido como si fuera tu primer descenso. Otros lugares tienen cascadas más espectaculares. Aquí puedes tirarte de tres metros, pero si te equivocas, quizá mueras”, explica Sturges.
La primera semana del viaje, los Flow Hunters se dirigieron a Hokitika, la capital del turismo y el kayak de la costa oeste de la Isla Sur de Nueva Zelanda. Fue uno de los veranos más secos que se tengan registrados en la Isla Sur: genial para los turistas; no tan bueno para los kayakistas. Un día después de que Brown y compañía llegaran a Hokitika, vinieron tres sistemas de baja presión y el cielo se abrió.
“Las estrellas no dejan de alinearse”, dice Brown, “pero también hemos tenido un par de incidentes delicados”. El primero sucedió en el río Mungo, un recorrido de dos días, el más difícil en toda la costa. Su guía fue Justin Venable o JV, un doctor de Nueva Orleáns que ahora vive acá. En el segundo día, se tiraron de un desfiladero con una cascada.
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